Carta Abierta al Papa Francisco

Querido Papa Francisco, quisiera decirte que no vieras mi acto de comentar acerca de tu visita como algo católico o anti católico. Tú sabes bien que respeto a todas las religiones, a pesar de no pertenecer a alguna.
 
Estoy consciente de que sabes que esta es una visita a una nación diversa, una visita definida como ‘oficial’; donde no todos somos católicos. Una visita que para muchos está causando mucha incomodidad, incluyéndome a mí.
 
Francisco, esta Incomodidad surge, entre otras cosas: porque tú visita tiene caracteres simbólicos muy importantes, porque eres el jefe de una iglesia, porque las personas que lo organizan crean símbolos que distraen de la realidad institucional que existe en Chile, porque se crean símbolos de olvido e indiferencia a nuestros temas y asociadas a tu visita, porque es nuestro gobierno laico el que usa recursos nuestros para esto, porque no hay sensibilidad con el hecho de que la iglesia católica llega de manera muy diferente a cada persona (algunos la detestan), porque la institucionalidad católica de Chile no se ha pronunciado seriamente sobre cosas nuestras tales como la pedofilia…
 
Francisco, quiero serte sincero.
 
Ojalá el país se movilizara así en relación a todos los líderes espirituales, como su Santidad el Dalai Lama y muchos otros. Ojalá que las miles de personas que participarán en tu visita exijan también un día de profundo silencio y solidaridad con muchos que han sido afectados por la institucionalidad religiosa–un día de la verdad, el perdón, y la reconciliación. Ojalá que haya un día feriado para que dialoguemos sobre el futuro de este planeta, del clima, de la biodiversidad, del agua, de los animales, de los bosques nativos… de las generaciones futuras.
 
De que servirá una religión cuando su sustento valórico en la práctica destruye la Creación.
 
Te quiero felicitar vivamente por tu encíclica ecológica y ambiental Laudato Sii, que a muy pocos chilenos realmente le interesa. Te quiero felicitar por el coraje que has tenido y la crítica certera y profunda que has hecho al sistema neoliberal materialista y al empresariado, por la destrucción ecológica de lo que llamas nuestra casa común. Como Cristo lo hizo, saca a los mercaderes del templo de nuestra querida patria. Hay una gran dualidad entre economía y espiritualidad, que hoy justifica la destrucción de nuestro planeta.
 
Querido Francisco, nuestro país no quiere realmente pronunciarse acerca de tu encíclica. Por favor habla de esto, además de sanar a tantos perjudicados por tu institucionalidad.
 
Únete a nuestro pueblo. No lo mires de lejos. Que sea una misa cada uno de tus abrazos para quienes sufren.
 
Este es tu momento histórico. Este es tu momento para enseñarnos cómo manejar la verdad y no pretender que tu visita es un show más.
 
Francisco, también eres un líder espiritual.
 
Haz lo que tu alma demanda y no lo que el protocolo te exige.
 
Bienvenido. Que todas nuestras montañas, nuestros ríos, nuestros mares, nuestros bosques, nuestros animales, nuestros insectos, nuestras plantas y flores…te acojan, te protejan y te hagan feliz.